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Casas con sabor a Barcelona, la Historia de la ciudad en la Arquitectura, Finca Regia Modernista

Modernismo Barcelona Atipika

Arquitectura y modernismo en Barcelona

Hablar de Barcelona es hacerlo de arquitectura vanguardista, edificios que han estado a la cabeza de las modas de cada época y que se han convertido en monumentos de la ciudad por méritos propios; una ciudad que refleja su historia a través de sus calles. Algunas de las edificaciones con más solana y personalidad de la Ciudad Condal son anteriores al siglo XX, correspondientes en su mayoría al Modernismo Catalán.

El movimiento arquitectónico del Modernismo Catalán parte de las bases de la corriente general que surge en toda Europa, donde se busca romper con los criterios tradicionales y explorar nuevas formas estéticas, pero adquiere una personalidad propia y diferenciada muy ligada a Cataluña y Barcelona. La revolución industrial y la ‘Renaixença’ de la cultura catalana propician un movimiento diferenciado de la corriente europea o española, en el que la naturaleza toma el protagonismo con nuevos materiales de construcción, formas nunca vistas y gran decoración de fachadas.

Fueron más de 100 arquitectos los que realizaron edificios de estilo modernista catalán, destacando entre ellos sobre todo tres: Antoni Gaudí, Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch; quienes han dejado obras de arte en forma de edificios como la Pedrera, la Casa Batlló, el Palacio de la Música Catalana de Barcelona, la Casa Amatller, l’Hospital de Sant Pau de Barcelona o el Palau del Baró de Quadras.

En definitiva, el Modernismo Catalán es un período donde la arquitectura es considerada un arte y un elemento diferenciador de la cultura y de la sociedad de la Ciudad Condal. No obstante, no todos los edificios correspondientes al Modernismo Catalán son museos o zonas públicas, Barcelona tiene más de 84.000 viviendas anteriores al siglo XX entre las que se incluyen casas o fincas comunales que actualmente pueden comprarse o alquilarse.

La finca regia modernista… ¿Qué es?

Los exploradores del mercado inmobiliario de Barcelona estarán acostumbrados a leer ofertas de pisos o casas de estilo modernista o ubicados en la zona del Eixample en los que se habla de ‘fincas regias’. Pero ¿es una ‘finca regia modernista’ todo aquel edificio viejo o hay unas reglas del juego?

Si recurrimos al diccionario, la Real Academia de la Lengua define como ‘regio’ todo aquello suntuoso, grande o magnífico; sin embargo, la Generalitat de Cataluña considera que un edificio de más de 40 años puede considerarse una ‘finca regia’. Lo que ahora equivaldría a un simple bloque hecho durante los años 70 poco tiene que ver con el movimiento del Modernismo Catalán o los edificios señoriales de la burguesía industrial.

Con todo, debemos entender que una ‘finca regia modernista’ es un concepto inventado por el sector inmobiliario. Si no hay picaresca de por medio, se corresponde a todo aquel edificio señorial con más de 60 años de solana en los que podremos encontrar detalles arquitectónicos que nos recuerden a la naturaleza, materiales poco tradicionales en la construcción y grandes espacios donde la estética prima.

Características de las fincas regias modernistas

Las fincas regias de estilo modernista acostumbran a ser construcciones comunales de 4 a 8 pisos de altura, esto implica que hay un buen número de vecinos en cada edificio. En la zona común podemos esperar encontrar una serie de elementos característicos de una finca modernista:

Finca Regia Porteria
Finca Regia de 500m2 cerca de Roger de Llúria
  • Grandes porticones de madera o combinando hierro forjado y vidrio
  • Porterías decoradas con frisos de estilo modernista
  • Una entrada señorial
  • Escalinatas de piedra con detalles como columnas
  • Ascensores originales hechos de madera noble y protegidos con una malla de hierro, a veces ornamentados con detalles de forja y cristales tallados. Pueden disponer de un espejo en el interior y un asiento esquinero de madera para descansar.

 

Una vez dentro del piso de estilo regio modernista, debemos esperar un apartamento que dé a las dos fachadas del edificio, disponiendo de un balcón principal con salida a la calle las estancias de día y una galería en las estancias de noche. De entre ellos, destaca el piso principal, que presenta techos más altos y puede llegar a ocupar toda una planta. Con todo, las singularidades de este estilo los encontraremos en:

Pisa en finca regia
Pisa en finca regia catalogada junto a la Avinguda del Paral·lel
  • Habitaciones y salas de buenas dimensiones, pensadas para muebles grandes
  • Techos altos, especialmente en el piso principal, con ornamentación
  • Muchos detalles arquitectónicos relacionados con la naturaleza
  • Suelos de baldosa originales con un diseño en mosaico, pintados artesanalmente
  • En algunos casos, vidrieras de gran valor arquitectónico
  • Frescos de la época

 

El patrimonio residencial catalogado

La ciudad de Barcelona dispone de un patrimonio residencial catalogado, donde podremos encontrar todas aquellas joyas arquitectónicas del modernismo catalán en unos pocos ‘clicks’, con su descripción y la ubicación de las mismas. Una finca modernista catalogada está registrada como tal y tiene que reunir una serie de requisitos para que así sea considerada.

Con todo, hoy en día muchas fincas señoriales modernistas han sido modificadas para adaptarlas mejor a las necesidades de las familias y algunas de las características que podríamos entender como ‘básicas’ se han perdido. Por ello, el servicio ‘Cercador de Patrimoni Arquitectónic’ de Barcelona dispone de una clasificación de la A a la D en función de sus usos y cambios.

Buenos ejemplos son la Casa Malagrida, la Casa Josep Padró, la Casa Thomas o la Casa Francesc Tarragó, conocidas por los nombres y apellidos de quienes fueron sus impulsores. Éstas y muchas otras fincas regias están debidamente catalogadas y descritas en detalle en el servicio de Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad Condal; aunque también podremos encontrar más información sobre las fincas modernistas catalogadas de Barcelona en el libro ‘Inventario General del Modernismo’ de Valentí Pons Toujouse.

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